Grace
—Ven sobre mi pene... —Esas palabras no dejaban de resonar en mi cabeza.
¡Ah, carajo!
Quería desaparecer. No bastó con que Apollo me sacara del salón en brazos delante de cientos de personas; además, tuve que lanzarme encima de él como una desquiciada. Lo toqué, le supliqué que me hiciera suya y me acosté con él en el auto. Casi me le trepé como si fuera un árbol. Y, por si esa humillación no bastara, hice todo eso mientras Austin estaba sentado adelante.
Sí, el auto tenía un panel divisor