Grace
Empujé la puerta de la sala de juntas y exhalé mientras me presionaba el costado del cuello con los dedos para intentar aliviar la rigidez acumulada. Dios, cómo me dolían los músculos.
La reunión había terminado hacía más de una hora, pero Aiden y Sarah me habían llamado aparte para una sesión de seguimiento privada, “solo para revisar algunas correcciones”, dijeron. Una hora después, tenía el cerebro hecho puré.
Aun así, no todo había sido malo. Estresante, sí, pero sorprendentemente grat