Grace
Charles y yo nos quedamos mirando al desconocido frente a nosotros, atónitos. El anciano no parecía una amenaza. Llevaba una camisa sencilla, tenía el cabello despeinado y un aspecto atractivo, pero había algo en su presencia que tensaba el ambiente.
Como Charles no respondió, el anciano se puso serio. Levantó la mano, con el periódico aún enrollado entre los dedos, y volvió a lanzarle un golpe a Charles.
Charles se encogió y agachó la cabeza para cubrirse como un niño.
—¡¿Q-qué hace?! ¡Ba