El día antes de nuestra partida para Noriah Sul, tomé el anillo en forma de flor, muy caro, tanto que, irónicamente, casi valió mi vida, ya que esa era la intención cuando mi madre lo recibió, y lo puse en mi bolsa.
Eran pasadas las nueve cuando le pedí a Daniel que me dejara en el cementerio donde estaba enterrado el cuerpo de mi madre.
- ¿Quieres que te espere? preguntó, tan pronto como estacionó el auto en la entrada principal.
- No. Caminaré más tarde.
- Pero es tarde, bebé. Pronto oscurece