Tan pronto como entré a la habitación, acompañado por el médico, vi a mi padre envuelto en un montón de cables que controlaban todos sus movimientos. Sabía cuánto odiaba él esa situación y la razón por la que huyó: todo se repetía, había pasado antes.
Me acerqué a la cama y tomé su mano, que él apretó.
- Estoy cansado. – dijo, con los ojos cerrados.
- Entonces descansa.
- Es complicado saber que no nos volveremos a ver... - Aún tenía los ojos cerrados - Te voy a extrañar.
- No, no te lo perderá