Isabela pensó que si dormía se sentiría mejor y no tendría que terminar en el baño. Estaba muy equivocada. Cuando creyó estar realmente cómoda entre los brazos de Giovani su estómago comenzó a retorcerse y el dolor en su cabeza fue tal que sus ojos se abrieron de golpe. Esa conocía esa sensación.
Tuvo que deslizar el brazo acogedor y pesado de Giovani de su cintura y correr en dirección al baño para derramar todo lo que estaba en su estómago en un doloroso vómito en el inodoro. Se estremeció co