Isabela agarró el vaso de leche de la mano de Allen y lo dejó en la mesita. El niño casi tenía los ojos cerrados y dio un gran bostezo que se sincronizó con el de Kiki que al final había terminado durmiendo con él. Ella sonrió y le beso la frente acomodándolo en la cama y tapándolo.
Ese día había sido incluso mejor que el de su boda original. No había sido igual de ajetreado que aquella vez, pero si más divertido, íntimo, y esta vez con sentimientos reales. Era extraño, pero antes no tenía casi