El silencio que inundó la sala fue el más incómodo que pudiera haber. Los invitados miraron de la mujer haciendo el espectáculo al anfitrión del evento y después a la mujer detrás de él. Isabela por su parte no sabía bien cómo reaccionar. Si fuera la novia real, pero real, de este hombre, le caería a patadas en ese mismísimo momento por traicionarla de esa manera, pero no. Ella era la novia por contrato por lo tanto no sabía si sería correcto fingir un espectáculo y quedarse callada detrás de