Habían pasado 3 días después de que Noah me había dejado plantada bajo la sombra del pequeño faro, a penas me había movido de la cama, pudriéndome en mi miseria, aunque de vez en cuando mi cabeza creaba ideas locas para sacarme a flote donde alegaba que algo le sucedió y por eso no se presentó, debo confesar, que las primeras horas lloré por ese motivo y más alejado de la realidad no podía estar mi llanto, Noah no había ido porque se arrepintió o porque simplemente esa fue la excusa para que m