David estaba delante de mí y a pesar de que el esfuerzo hacía que mis ojos se cansaran y intentaran cerrarse poco a poco, luché por no hacerlo. Quizás fue el miedo de ver como acercaba el filo del cuchillo al pequeño bulto ensangrentado en sus manos que lloraba tan bajito, como si fuera un muñeco al que le quedaba poca batería. O quizás por el miedo de que sabía que ni siquiera me iba a dar la oportunidad de ver a mi pequeña estrella.
¿Porqué alguien sería tan cruel de querer arrebatarle la vi