IZAN RIBEIRO
—¿¡Qué has hecho, Izan!? ¡Él la salvó! ¡Él fue quien compró a Alana para salvarla! —gritó Marc, su voz llena de desesperación.
Todo a mi alrededor se detuvo y la realidad nos golpeó en el rostro como una bofetada helada. Miré a Sergio y ordené que soltaran a Marc y subí a la camioneta blindada con Alana. Su padre, con manos temblorosas, peinaba su cabello con los dedos, y sus lágrimas caían en cascada. Trato de detener las mías, pero es imposible.
Mi visión se nubla, el pecho me