Ariel viene tomada de la mano con Pavel. Sonrió al verla, un ser inocente que solo necesitaba una madre que la amara. Es tan dulce y espontánea, tiene mucho de mi tía Sam. Pavel asiente al verme y he notado lo ausente y distante que ha estado con Izan. Su mirada azulada se mantiene perturbada, y aunque siempre está serio, se puede distinguir que no es el mismo de antes.
—¡Mami! —grita Ariel, soltando la mano de Pavel y corriendo hacia mí. Suelto el bolso deportivo para sostenerla en brazos.
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