Alma
¡No lo acepto! No lo puedo aceptar, no imagino una vida sin él. Siempre he deseado morir antes para no vivir este dolor y así poder partir tranquila, sabiendo que nuestros hijos estarían en sus manos. Cuando me llevan por las cabinas de emergencia, lo veo... Inserte en una camilla, mi corazón se desmorona en mil pedazos. Las lágrimas ruedan por mis mejillas como torrentes de desesperación.
—¡Serch! ¡Amor! —gritó con todas mis fuerzas, mi voz rasgándose en el aire mientras los enfermeros me