—¡Se han llevado a la señorita, jefe! —la voz temblorosa de Tobías rompió el silencio.
Izan queda en silencio, sintiendo una presión intensa instalarse en su pecho. Sus puños se cierran con fuerza.
«¡Esto mierda no puede estar pasando!», grita mentalmente.
—Tobías, vete. Te juro que si algo le sucede a Alana, te mato. ¡Desaparece de Boston y a Rusia no regreses! Eres un inútil, joder —los ojos de Izan destellaban con una furia incontrolable.
—No lo haré, nunca debiste darme la oportunidad de tr