—Jasiek, ¿cuándo uno quiere debe demostrarlo, no crees? —pregunta Alana con un tono suave, pero firme.
Jasiek deja de escribir en su teléfono y levanta la vista, su expresión se endurece. Alana baja la mirada, sintiendo un nudo en el estómago, anticipando lo que vendrá. Lleva un vestido blanco que cae con sutileza por su figura, acompañado de un sobretodo rosa. Sus dedos se aferran con fuerza al libro, pero Jasiek se lo arrebata con un movimiento brusco.
—¡Hey! ¡Devuélvemelo! —le pide, extendie