Sabiendo demasiado.
—¿Qué intentas hacer? —bufo apenas audible, apartando mis manos todavía llenas de documentos.
—¿A qué te refieres? —pregunta Marcos, incrédulo, como si no entendiera nada.
—No te hagas el tonto, Marcos. ¿Crees que no me di cuenta? —susurro, esta vez dejando escapar más dureza.
Él solo niega con los brazos cruzados, inmóvil. Finalmente cedo y regreso al trabajo.
—Sam, me voy. Cuando pueda… dile a Miranda… —se despide sin siquiera mirarme.
—Yo lo aviso, primero debo ver a Esther —responde Sam.
La