Oscuridad.
El taxista sigue mis instrucciones, avanzamos por lo más angosto del bosque y nos adentramos cerca de un claro.
—Mmm, señorita¿está segura?—tartamudea cuando se estaciona en medio de la nada .
—¡Oh sí!...no sé preocupe...por favor espéreme,no tardo.
—Sí,sí,claro,aquí estaré —balbucea mirando a los lados ,con los árboles de acompañantes y el silencio de escudo.
Me abro paso entre las malezas y las hojas secas y vislumbro a lo lejos unas cabañas .
Las personas me dan la bienvenida con un calor mu