La presentación.
—Algún día... te tendré nuevamente entre mis manos y no te dejaré ir —murmura, su voz es suave, sutil, está encorvado sobre la barra mirando los diamantes también.
—¿Disculpa... entre tus manos?... ¿Qué dices, Mark? —gruño, ofendida, insultada, pero atravesada por palabras cautivadoras que despiertan cierta chispa de curiosidad.
Mark abre los ojos, suspira y ladea la cabeza con un gesto de ingenuidad.
No dice nada, su mirada sostiene aún la belleza de las joyas.
—Estela... ¿pasó algo con el dia