El silencio de la noche vuelve a ahogarse.
—Estela… te lo imploro, no la mates.
Su voz tiembla, pero no es suficiente para detenerme.
—¿Por qué? —pregunto, aun sabiendo que matar me convertiría, para siempre, en mi peor pesadilla.
—Es mi hermana —escupe Drake de repente.
La palabra cae como un golpe seco.
Cualquier ápice de perdón que hubiera podido merecerse se desvanece al instante.
—¿Cómo? —insisto, casi suplicando que repita lo que mis oídos de lobo se niegan a aceptar.
—Lo siento… no podía