Entro directo.
El letrero de la tienda de sushi parpadea una vez antes de estabilizarse.
No debería significar nada… pero mi pulso se acelera igual.
Así que empujo la puerta.El tintinear de una campana me atraviesa como un mal recuerdo.
El aire huele a arroz avinagrado, algas secas y algo más viejo, metálico, que no pertenece a ningún menú.
Está todo desierto.No hay clientes.
Solo el dueño,un señor elegante de saco marrón y barba copiosa,encorvado detrás de la barra, afilando un cuchillo que no