Volteo a los lados y salgo disparada del lugar, pero al llegar al callejón mis oídos de loba se ponen en alerta.
De la pared se despega una sombra, enorme, distorsionada.
Siento cómo el corazón me da un vuelco dentro del pecho y trago saliva.
Otra vez ese zumbido espeso me martilla la cabeza.
De entre los tablones acomodados sobre la pared salen cabellos rubios que terminan en una cintura.
—¿Arleen?... ¡Qué carajos! —chillo, mi voz golpea las paredes con la fuerza suficiente para provocar un va