Mientras observaba el arma que él me había entregado, presencié cómo tomaba una llamada que lo desconcertó por completo, desatando una furia que parecía provenir de lo más profundo de su ser. Sus ojos se tornaron rojos, como los de un lobo hambriento acechando a su presa. Sin embargo, no sentí la necesidad de huir, solo pude observar cómo presionaba un botón que desencadenó una señal de alarma, y en cuestión de segundos, varios hombres aparecieron frente a nosotros.
Lo vi hablar con una fuerza d