Mundo ficciónIniciar sesión—¿Dónde quieres que te deje, la 5ta avenida está bien?— supuso que ella compraría por esa zona.
Se habían subido al vehículo y estaban volviendo ya hacía el centro, para Manhattan y él rompió la barrera de silencio que se había levantado entre ambos. También la observó sin dejar de pensar que sería un delicioso postre. Podía imaginarsela en su cama sin nada arriba excepto el cuerpo de él, sin ningún tipo de esfuerzo.
Otra vez su voz la había sacado de sus pensamientos.
— Sisi perfecto...— respondió de modo automático sin cavilar mucho sobre su respuesta. La verdad era que la quinta la dejaba lejos del lugar al que debía ir pero no sé lo diría. Que la dejara dónde le viniera en ganas mientras eso acabara de una vez. Estar junto a él la hacía tener la guardia alta de forma permanente y no le gustaba. Tenía muchas preocupaciones como pará pensar en eso también.
Entonces él hizo algo inesperado. Se tiró sobre ella y empezó a besarla y tocar su cuerpo. Y esa vez fue más agresivo que cuando intentó seducirla en el viaje de ida.
Y para su completo horror, ella le correspondió. La situación se tornó por demás apasionada, al punto de que creyó que Matt la tomaría ahí mismo. En el auto.
Metió una mano bajo su falda, ella no tenía medias. Comenzó a mover sus bragas y jugó con sus dedos. Cuando tocó su clítoris ella no pudo evitar soltar un gemido. Con la misma mano se aseguró de meterle un dedo y frotarla hasta que ella alcanzó un explosivo clímax que la dejó temblando en sus brazos.
Él se alejó un momento y el vehículo se detuvo.
Ella se incorporó acomodando su ropa, habían llegado a destino por eso él frenó. Sino estaba segura de que hubiera seguido y no sabía si habría tenido fuerzas, o ganas, de detenerlo. Eso era lo peor de todo ese asunto.
Trató de recuperar el aliento...y la cordura, cuando él se llevó los dedos a las manos y los lamió haciendo que sus bragas se mojaran nuevamente. Maldito Playboy calenturiento.
— Deliciosa como tú — murmuró él y ella se sonrojó. Su cara parecía un tomate aunque solo él podía verla.
— Yo...estem...llegamos a mi destino...mejor me voy — dijo y tomó la manija de la puerta pero él la detuvo.
— Espera, cenemos hoy...— sugirió con la voz como el terciopelo...y ella lo supo, era claro como el agua. Él quería terminar lo que había comenzado en el auto. Siempre y cuando ella lo permitirse claro...
— No puedo tengo un compromiso... — mintió descaradamente para sacarse al hombre literalmente de encima.
— ¿Y el fin de semana? — él alzó la ceja interrogante.
— También — ella quería tirarse del coche ya y huir de ahí todo lo rápido que pudiera. Lejos de ese playboy tentador que prometía tanto alegrías como tristezas. Brandy en el fondo era una romántica, no saltaba de cama en cama y un encuentro con él sería significativo para ella mientras que para él sería una más en su colección de mujeres bellas...y desechables. Y ella no estaba dispuesta a ser juguete de un hombre como él por muy tentadora que fuera la idea.
— Gracias por...todo señor Jones — dijo ella atropelladamente, abrió la puerta y se alejó de la tentación corriendo como si los demonios del infierno se hubiesen liberado y la persiguieran.
Él sin más, no tuvo más remedio que regresar al despacho del padre de la muchacha, pensando en sus siguientes pasos por supuesto. Cuando llegó al edificio y subió por el elevador hasta el despacho , lo primero que hizo fue cruzarse a Clark que con su mirada le dijo todo lo que necesitaba saber.
— Su hija y yo hemos tenido un almuerzo muy...agradable, la dejé el la 5ta avenida. Supuse que iría de compras pero la vi tomarse un taxi...— le dijo Matt al padre de la joven que lo había tan puesto caliente.
— Jóvenes, cambian de opinión todo el tiempo — dijo nervioso Nelson y sonrió —. Yo le compré un apartamento en el Soho, quizá no quiso hacerlos conducir hasta allí... — dijo Nelson en respuesta. Solo quería desviar la conversación para que Matt no le preguntará sobre el dinero.
"Con mí dinero", pensó precisamente Matt encolerizándose con el hombre una vez más... Y fue casi inevitable para él en ese momento pensar si es que acaso la hija sería igual de taimada que el padre...







