42. Siempre estaré para ti
Leonora
Ella soltó la primera carcajada con tanta fuerza que creyó que todo el estacionamiento las escucharía. Las risas se hicieron eco en el espacio del asiento trasero hasta que pudieron calmarse del ataque.
-No puedo creer que creyeras que engañaba a Giancarlo -dijo ella con una suave risa restante -¿cómo es posible que llegaras a esa conclusión?
-Bueno, fue sencillo -afirmó su amiga con obviedad -el hombre inició su relación con un contrato que era más un chantaje que otra cosa, exigió que