49. He estado esperando

Giancarlo

Su esposa se había desvanecido frente a sus ojos y la culpa lo había golpeado. Había corrido para poder sostenerla antes de que golpeara el suelo, pero al sujetarla en sus brazos no sintió el alivio que creyó que sentiría, porque la sangre corría entre las piernas de la mujer que amaba. El miedo fue como un manto que opacó todo lo demás y mientras él subía a Leonora en la cama con la ayuda de Antón, Anya corría para pedir ayuda.

Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras escuchaba a la
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