52. Extraña sorpresa
Leonora
Su espalda la estaba matando al igual que sus pies. Tenía muchas quejas sobre su cuerpo con respecto al embarazo, pero una de las mejores cosas era que su sensibilidad se había incrementado muchísimo, lo que quería decir, que cada caricia de su esposo se sentía un millón de veces mejor. Le encantaba que solo hiciera falta un beso, un toque en su cuello o un roce accidental en una de sus zonas erógenas para que estuviera lista para lanzarse sobre el cuerpo de Giancarlo.
Él lo disfrutaba,