Capítulo 48. La luz de los reflectores
El amanecer del día siguiente se sintió como el inicio de una ejecución. No hubo calma. Desde las seis de la mañana, la paz de la finca se vio alterada por el sonido incesante de motores que subían por el camino de terracería. Los medios internacionales que convoqué habían llegado y, con ellos, un despliegue de cámaras, trípodes, micrófonos y personal técnico que transformó nuestro humilde refugio en el centro de atención del país.
La finca, que durante semanas había sido mi búnker, ahora estab