Capítulo 35. El precio de la verdad
Encerrada en la frialdad de aquel baño, el eco de los gritos de Mateo retumbaba en mis oídos con más fuerza que el sonido de las olas fuera de la casa. Me miré en el espejo: tenía el rostro desencajado, las ojeras más marcadas que nunca y una mirada que apenas reconocía. ¿En qué momento me convertí en esta mujer que vivía huyendo, que ocultaba secretos a sus hijos y que tenía que lidiar con desconocidas que me ofrecían un pacto con el diablo?
Salí del baño cuando el silencio fuera se volvió abs