Amelie Manson
Corrí por las escaleras de la mansión Feldman con el corazón acelerado, las piernas temblorosas y las bragas húmedas por el toque de Damián aún impregnado en mi piel. No podía creer lo que estaba sucediendo ni la forma en la que él jugaba conmigo, como si tuviera todo el derecho de invadir mis límites.
¿Qué se creía? ¿Quién se creía?
Conduje hasta la casa de mi madre a toda velocidad. Apenas bajé del auto, miré mi camisa: estaba empapada por la leche que fluía de mis pechos. La d