Alice y Edith llegaron puntuales para la hora del té. Fueron recibidas por el mayordomo que, de manera solemne, las invitó a pasar al elegante salón de té. El lugar era un espacio lujoso con paredes revestidas de seda y paneles de madera oscura. Los muebles eran de caoba, con tapicería de terciopelo en tonos ricos como el burdeos y el dorado. La mesa estaba cubierta con un mantel de encaje y adornada con juego de té de porcelana fina y cubiertos de plata.
Si bien Edith había sido criada en l