Maddie apenas pudo dormir esa noche. Entre el abrazador frio, la gran incertidumbre sobre su futuro en esa casa, los interrogantes sobre lo que había leído sumado al hambre que ya empezaba a sentir, conciliar el sueño o dormir un par de horas seguidas se estaba convirtiendo en una tarea titánica.
Dio muchas vueltas en ese desordenado e incómodo camastro, hasta que logró dormirse. Despertó al amanecer, cuando los primeros rayos de luz se filtraban por la sucia ventana. Su estómago comenzó a rug