Los últimos días que Milton Friedman había pasado, habían sido el mismo infierno. No sólo había recibido una terrible paliza por parte de Henry y sus hombres, sino que también, todo aquel escandalo desatado en el hospital lo había llevado a presentar su renuncia de manera indeclinable a su puesto.
Pero había algo peor; había perdido algo más importante que su trabajo: a su amada Mary. El no saber nada de ella prácticamente le habían quitado las ganas de todo, sumiéndolo en la más completa oscur