Madelaine irrumpió en el edificio del Daily News con pasos firmes y decididos. Su porte inflexible y la mirada encendida solo anunciaban una cosa: un inminente dolor de cabeza para David Hamilton. Los empleados que se cruzaban en su camino se apartaban instintivamente, sintiendo la tormenta que se avecinaba.
La secretaria de David advirtió la intempestiva llegada de la joven y se paró de su escritorio de inmediato para detenerla.
— ¡Señorita... señorita no puede pasar! —le gritó interponiéndose