Cuando el detective Sullivan accedió a regañadientes a la firme exigencia de Patrick y el conde a que dejara que Maddie y Blake hablaran solos, la pareja se quedó en silencio por un instante, mirándose a los ojos como si trataran de dilucidar que estaban pensando el uno del otro.
— No tendrías que haber venido aquí, Madelaine Aston—dijo, Blake mirándola con seriedad—. Sabes que corres un grave peligro, ¿no? Sigues siendo la misma obstinada y caprichosa de siempre.
Los ojos de Maddie centellearo