— Don Vitale, en la puerta hay una dama que exige hablar con usted de inmediato —le susurró al oído el hombre, pues Carlo estaba en una reunión con jefes de distintas familias.
El Don lo miró frunciendo el ceño.
— ¿Una mujer? Pero ¿Qué quiere? —le dijo por lo bajo con voz firme, pero con enojo—. Sabes muy bien que no me gusta que me molesten.
— Es que la dama insiste en verlo y dice que no se moverá de la puerta hasta que hable con usted, que lo que tiene que decirle, es muy importante.
El pode