Grace no podía dejar de sentir compasión por su amiga. Ver a Maddie, deshecha en un mar de lágrimas, postrada en la cama le rompía el corazón. Podía entender el dolor de su perdida, sin embargo, había algo que no comprendía ni tampoco compartía con su mejor amiga: el odio que ella sentía por el esposo.
La joven había sido testigo en la manera que Blake había llegado a su casa. Prácticamente era un despojo humano sin vida, sostenido por John. El sufrimiento del hombre era tan palpable que había