Desde que Blake había desaparecido de la vida pública, el club había caído en una rutina monótona. Los días se sucedían entre el murmullo de conversaciones apagadas y la tensión en el aire. Por eso, cuando las imponentes puertas de caoba se abrieron para revelar la figura inconfundible de Blake, un silencio sepulcral se adueñó del lugar.
Con su habitual traje negro perfectamente ajustado, sus ojos oscuros recorrieron la sala con una mirada glacial que parecía atravesar a cada persona presente.