El lago reflejaba el rostro impaciente de la condesa, que ya no tenía más cadenas encima. Eva maldijo a Felipe por su herida una vez más, luchando por no quedarse dormida en la espera. Tuvo ese tiempo para pensar en todo lo sucedido, habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo. Si cerraba los ojos podía volver a la torre donde la mantenían cautiva, rodeada de humillaciones y burlas. Rememoraba su hambruna y su falta de amor, junto con la violencia con la que todos la trataban, como si no mere