(Astor)
El bar de la ciudad, el más cercano al castillo, me había otorgado un pase para que no tuviera que pagar nada gracias al rey. Los días habían pasado infinitamente lento mientras esperaba a la mujer que más amaba en el mundo.
Había pasado alrededor de un mes y todavía no veía rastros de su regreso. La tristeza me invadía cada noche antes de dormir, tratando de calmar mis pensamientos para no dejarme llevar por esa desidia. Yo no podía vivir sin ella y a medida que pasaba el tiempo lo ent