Estaban acostados sobre la cama, con un nivel de relajación exquisito, bebiendo ese placer único. No querían irse de allí, mientras se cubrían con las mantas para descansar y cerrar a penas los ojos. Ella descansaba en su pecho, que la refugiaba del resto del mundo. Escuchaba los latidos de su corazón, que le pertenecía solo a ella.
—Te amo. —le dijo él, mientras besaba sus senos con total suavidad. Ella le acarició el rostro, era muy tierno a pesar de su ferocidad.
—Siempre voy a amarte. —cont