La villa parecía un paraíso apartado del mundo, pero en su interior la calma era solo una fachada. La amenaza de Piero flotaba como una sombra sobre Amara y Dimitrios. Cada mirada furtiva que se cruzaba entre ellos estaba cargada de una energía inconfesable, de una tensión que no podían ignorar. La noche caía lentamente sobre la playa, y el sonido de las olas se mezclaba con los susurros del viento. Sin embargo, en ese espacio idílico, el aire se sentía denso, cargado de una necesidad que ambos