El ambiente en el aeropuerto de Punta Cana era vibrante, lleno de risas, música y el murmullo de turistas emocionados. La familia de Dimitrios caminaba por el pasillo de llegadas, empujando un carrito cargado de maletas mientras sus ojos exploraban cada rincón con fascinación. El sol dominicano, aún dentro del edificio, parecía acariciarles la piel con su calidez.
En el exterior, Jairo esperaba con impaciencia, apoyado contra su viejo Toyota Corolla. Vestía con jeans desgastados y una camisa bla