Capítulo 77. Un lugar maldito
El ucraniano era un hombre sereno y más bien frío, se sentó sin mostrar molestia.
—Vaya Santo, no veo porque tu apodo.
—Me llaman el Santo porque Dios perdona los pecados de los idiotas que caen en mis manos.
El ucraniano dio un silbido apreciativo.
—Tortura… No me sorprende, solo de ver tus brazos que parecen jamones puedo imaginarlo...
—No me gustan los hombres, guárdate tus comentarios. Esto es lo que harás, compraré tus mujeres, abriré un club y todos sabrán que es una bofet