Capítulo 68. No hay tiempo para llorar
No es la primera vez que Victoria sentía presenciar los últimos segundos de su vida, cerró los ojos esperando el inminente final, pero entonces el hombre bajó el arma, escuchando una orden por un intercomunicador.
— ¿Qué pasa? Estoy limpiando —dijo a su interlocutor y escuchó lo que le decían—. ¿Seguro se busca a una mujer rubia viva? Bueno aquí tengo varias putas que iban a escapar.
Victoria lo escuchó sin atreverse a mirarlo manteniéndose en posición fetal.
El hombre se alejó de el