Capítulo 36. Testigos
Victoria fue a su habitación y se lanzó a la cama a llorar.
Su corazón estaba roto, sintió que una parte de ella había muerto.
—A esta hora ya Michael debe estar muerto —musitó contra la almohada—. Los disparos eran demasiados.
Victoria no encontraba esperanza alguna en que se hubiera salvado.
El recuerdo de Michael le había hecho resistir, aunque no lo viera y pensara que él no la quería, estaba feliz de saber que él en algún lugar existía.
— ¿Cómo podría considerar quedarme