RYSA
No sé si reírme o llorar, puede que las dos al mismo tiempo, porque lo que acaba de salir de la boca del Capo más temible de la historia en Italia, es irreal, siniestro y poco creíble. Sus malditos dientes se clavan en mi piel como pequeños alfileres, duele, contengo el aliento, se aparta aflojando su agarre. Por un segundo le sostengo la mirada, tratando de ver a través de la barrera que pone con todos, no hay nada, solo un rostro ilegible.
—No hablarás en serio —las palabras brotan de mi