RYSA
Me congelo. Mi cerebro no procesa rápido lo que ha ocurrido, sin embargo, mire por donde mire, un mar de rosas amarillas me rodea. La cabeza me estalla, las punzadas de dolor regresan con una intensidad abrumadora, no puedo evitar tocar mi frente, un grave error.
—¿Qué te pasó?
Salgo de mi ensimismamiento y lo enfrento.
—Nada.
—Eres muy mala mentirosa además de terca —se pone de pie—. Creo que ya nos vamos conociendo.
Aparto las sábanas con la intención de ponerme de pie.
—¿Qué haces aquí?