RYSA
Deslizo los dedos de mi mano sobre la suave seda de mi camisón, mirando la luz de la luna que se filtra a la habitación, la tela se desliza sobre mis hombros, dejando mi cuerpo al desnudo.
—¿Quieres venir a la cama? No tengo todo el maldito tiempo del mundo —dice Davian a mis espaldas. Mi esposo.
Lo miro por encima del hombro, me siento tan cohibida, hace más de seis meses que no me toca, pero hoy sí, llegó ebrio, diciendo que, en su reunión con un par de socios, fue la burla de la noche