Sofia
Despertar no fue nada fácil. Sentía como si alguien me hubiera estrellado contra un muro de concreto y después me hubiera dejado caer en una piscina de cemento fresco.
Lo primero que noté fue el ardor en mi cabeza, un latido molesto en la sien derecha, y lo segundo… bueno, lo segundo me quitó el aliento. Frente a mí, inclinado con el rostro lleno de preocupación, estaba él. Fernando.
Su nariz recta, sus cejas fruncidas y esa mirada color miel que parecía perforarme el alma.
Abrí los ojo