En ese momento, el señor Ferreira salió a la puerta y les hizo una señal a dos policías para que entraran y arrestaran a la señora Esperanza.
Esta se resistía y hasta se le arrodilló a su hijo pidiéndole perdón y suplicándole que, por favor, no la enviara a la cárcel.
Pero de nada le sirvió todo su show porque los policías se la llevaron con mano dura.
—Ahora sí, papá, ya sacamos a las manzanas podridas que nuestra familia tenía. Ahora ya podremos vivir en paz sin que haya alguien a nuestro alr